domingo, 6 de marzo de 2011

Racismo banal

Muchos años han pasado desde aquel fatídico comentario de uno de mis profesores de 6º de EGB.
Unas declaraciones explícitamente racistas repercutían en los oídos de niños de 11 años hasta llegar a sus pequeños cerebritos y archivarse en el registro de “ cosas que dicen figuras de autoridad”
Ante el silencio de todos ellos y mi posterior indignación, corrí a contárselo a mi madre.
A principio de los 90, las clases multiculturales prácticamente no existían, por lo que lo común era que todos los niños fueran españoles, aquellos que provenían de otras partes del mundo eran lo exótico y extraño.
Yo por aquel entonces no gustaba de usar camisetas que pusiera : hola buenos días, mi nombre es Sara tengo 11 años y mi papá es mulato. Por lo que ante tal falta de evidencia de presencia de alguien con raíces negras algunos profesores, así como personas gustaban de decir comentarios jocosos acerca de los negros, “Los negros huelen mal” (comentario por el cual mis padres tuvieron que ir a la escuela a hablar con el director), “Los negros son idiotas” “¿Qué hacen los negros para verse en la oscuridad?” y un largo repertorio de frases que hacen ver en que tipo de país vivimos, en el de “¡Nosotros no somos racistas, pero que mi hija no se case con un negro!”.
Terminé la escuela y pasé a la instituto, un lugar en donde por suerte, nunca escuché ningún comentario negativo por parte de los profesores, no fue así con algunos de los compañeros los cuales en alarde de su gran cultura gustaban de criticar a los inmigrantes, nietos ellos mismos de españoles exiliados en Latinoamérica, Alemania y Francia.
Finalmente terminé el instituto y me matriculé en Sociología, carrera en la que en unos meses espero licenciarme, pues adivinar cual es el comentario de unos de los profesores, del cual sí daré nombre y apellidos, Luis Vila, profesor de Políticas del Bienestar Comparadas, del departamento de Trabajo Social. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Valencia “Los negros huelen mal” fue como si por un momento volviera a ser diminuta, volver a 6º de EGF, no dar crédito a lo que estaba escuchando y volver a ver la pasividad de los compañeros, menos la de un chico que tuvo la dignidad de contestarle.
Así están las cosas, ese racismo banal que se reproduce y perpetua en el tiempo.
¿Qué hacer ahora? ¿Denunciarlo? ¿A dónde? ¿Con que pruebas?
Ahí reside el problema de todo esto, es imposible pues no queda constancia de esas declaraciones en ninguna parte, mi palabra contra la suya, y de nuevo se lo vuelve a llevar el aire todo.
Lo que me hace pensar seriamente ¿Clases grabadas y posterior revisión por el consejo de profesores de los contenidos que en ellas se imparten?
Tal vez sería una buena solución para el control de la verdadera calidad en la enseñanza.