jueves, 25 de noviembre de 2010

...Reteniendo instantes ...

("Mi pecado fue nacer" San Miguel de Allende, Guanajuato 1950)

Siempre me han maravillado los instantes, las pequeñas condensaciones momentáneas de la vida, los segundos que pueden hacer que todo tenga sentido, o que absolutamente todo se trastoque, el concepto en si mismo del tiempo, las unidades de medida.
La fugacidad de un hecho y su capacidad de repercusión. La demoledora fuerza de lo insignificantemente pequeño.
Las palabras, las miradas, los silencios, y principalmente  las imágenes, me gusta contemplarlas  con la ingenuidad de los que cuentan sus años con los dedos de las manos. Mirar las fotografías, viejas, nuevas, artísticas o absurdas, ahí están ellas, sin hablar y contando tantas cosas. Guardando detrás de ellas historias y secretos.
 Las cámaras y sus objetivos, el miedo irracional a que nuestra imagen sea captada [¿vergüenza?] ¿O tal vez resquicios del miedo a ser inmortales?
Captadas en segundos  permanecen en el tiempo, sobreviviendo a sus protagonistas, contando algo de ellos, de un momento en su finita vida, cruces de mirada, caras tristes o felices, indiferencia o sorpresa.
Ahí se quedan para enterrarnos a todos.
Seremos recordados a través de ellas, y tal vez en unas décadas, alguien las desempolve y se sorprenda al verse allí reflejado, al encontrar sus rasgos encerrados en un papel.
No obstante, si existe algo que me fascine más que la fotografía,  es la historia que la precede, y cuando tienes el placer de hablar con aquel que la tomó aquellos minutos de conversación son pedazos de su historia, de su vida, regalados, en estos tiempos en los que ya nadie regala nada.
Todo y que disfruto con las historias que me cuentan personajes anónimos sobre sus retales, hace unas semanas tuve el placer de platicar con nada menos que el maestro Segarra, dado que no soy persona de dar cartas de presentación argumentando sus condecoraciones y todos esos papeles en los que los expertos otorgan reconocimiento, dando permiso para la exquisitez, dejaré una de sus fotografías, las cuales, hablan por si solas.
Allí lo encontramos, en el mercado de San Ángel en Ciudad de México, con casi un siglo de historia a sus espaldas, sentado en su pequeña silla y fumando un habano.
“-Saben, -nos dijo- esa foto se la tomé a Diego Ribera, como a dos cuadras de aquí, en la casa azul, la casa que compartía con Frida.”
“Y esta otra- señalando la que podéis ver más arriba- la tomé desde mi coche, la fui viendo llegar suspirando, cansada de la vida y desplomándose en aquel banco, me encontré la foto allí delante de mí, mientras conducía.”

El pecado es nacer.

sábado, 23 de octubre de 2010

The wall


Cruzar la frontera es algo más que caminar entre dos límites humanamente construidos, es, como ya señaló  Kapuściński, saltar el límite, comprender el otro lado, y admitir que la realidad social se compone de tantas perspectivas como ojos habitan el universo. Pasar una de las fronteras que dividen el norte del sur, caminado, es como recorrer una larga distancia mental en solo 5 minutos físicos.

San Isidro, última parada del tranvía, y última parada de los EE.UU. al otro lado, Tijuana, México, pura dinamita.

Cruzar al otro lado caminando es una experiencia muy distinta a hacerlo con un medio de transporte, estos te separan de la realidad en una esfera propia que muchas veces  reproduce las condiciones ambientales de tu lugar de origen, principalmente si se trata de un avión.

Primera parada, los perros policías constatan que no llevamos ninguna sustancia sospechosa encima.

Segunda parada, pasar las puertas de hierro que simbolizan la barrera humanamente construida.

No más de un rato caminando nos hace llegar a México, coger unos taxis y dirigirnos a cenar algo a un lugar en el que hogareñamente nos atienden, echaba en falta esa hospitalidad latina que en EEUU unidos es sustituida por la rapidez en la que te atienden, te traen la cuenta antes de ni siquiera haber terminado de comer, presión psicológica al máximo para sentar a la próxima persona y así aumentar los beneficios, señorito Don Dinero.

Tuve la gran suerte de ir con muy buena gente, entre la que se encontraban dos chicos Mexicanos que sabían muy bien donde debíamos de ir y que no teníamos ni que pisar.

Tijuana es impactante desde el primer paso, se trata de una ciudad llena de luces de neón, gritos, prostitutas, americanos y americanas en busca de diversión, rock’n’roll, puestos de tacos, policía y ambulancias, paradas con cuadros de Frida Khalo y máscaras de luchadores Mexicanos, peleas y risas, creo que es la pura representación y condensación de la vida.

Nos paramos en nuestro nocturno deambular, en tres garitos cada cual mejor que el anterior, la mezcalería, parada obligatoria si piensas que el mezcal es algo más que una bebida, mezcales de unos 25 tipos a 30 pesos.

El siguiente no recuerdo el nombre, pero se trataba de un auténtico antro, y para aquellos que me conocen saben lo feliz que puedo ser en ese tipo de sitios, un subterráneo con mucho rock’n’roll y mota. La primera canción que me recibe, una de los Cure, rozando el misticismo. Nos dirigimos a la barra a por unas ballenas, lo que viene a ser unas litronas, aquel lugar tenía dentro lo mejor de cada casa, no obstante, vibraba bastante bien.

Última parada “El Dandy del Sur” con cartel de luces de neón incluidas, y cartel en el que expresamente se advertía “Se debe consumir sin excepción, atentamente el Dandy del Sur” aquel lugar no tenía desperdicio alguno, padrísimo, con gramola incluida, por un 1$ tres canciones, en el que podías encontrar desde Pimpinela hasta Pink Floid, éste último también lo escuché mientras andábamos por una de las avenidas principales, un grupo con música en directo tocaba uno de los temas del Muro, impactante escuchar ese tema en el lugar donde más sentido tiene, creo que será una de las imágenes que guardaré en mi mente el día en que ésta empiece a flojear.

Impactante y bizarramente atrayente, sin duda es lo que define ésta ciudad, rodeada por una de sus partes con un gran muro que la separa del sueño americano. Imprescindible si llega un momento en el que empiezas a no soportar la destilada vida americana, con sus cafés con agua, sus birras con más agua y sus miedos y frustraciones.

Un dato importante con lo que terminaré esta entrada es la pregunta que le hizo a un nuevo amigo Mexicano su vecina de Pacific Beach, San Diego, lugar en el que él vive, “Eres de México, ¿Y eso donde para?, tierra demasiado auténtica para encontrarse ni siquiera en la mente de muchos norteamericanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


domingo, 10 de octubre de 2010


Littel Italy es el barrio ítaloamericano de San Diego, y durante este mes, también  mi hogar de acogida.
 Se encuentra situado cerca de Downtown, se respira una tranquilidad muy agradable, pero incluso sin haberla conocido, se añora esa identidad de barrio de pescadores original, “ese sabor a pueblo” que dirían en Benimaclet.
Actualmente, y siguiendo la trayectoria que por desgracia, antes o después, también seguirá el Cabanyal, se trata de un barrio que todo y que originalmente fue construido por humildes pescadores, actualmente es un área residencial aburguesada, con comercios, restaurantes, y galerías de arte. No obstante, y para mostrar que no caigo en una idealización del pasado, en la que me imagino rodeada de gente del mar relatándome sus historias acerca de las desconocidas profundidades del atlántico, mientras sirvo más vino en nuestras copas y anudo mi fular, diré que se vive bien, y se trata de un lugar muy activo donde los vecinos, muchos de ellos descendientes de esos primeros italianos, organizan varias fiestas y actividades a lo largo del año.
Este fin de semana ha tenido lugar “la festa”, desconozco a santo de que, o mejor dicho a que santo, pero son realmente bonitas. Las calles se han llenado de artistas que plasmaban sus obras en el asfalto, se podía ver de todo, un Leonardo Da Vinci en la espuma de un capuchino, una típica estampa italiana de una chica con camisa a rayas y pañuelo al cuello. Realmente precioso, y lo mejor de todo, poder ver durante estos días el progreso de estas obras. También otros pequeños artistas tenían calles habilitadas para que se volvieran locos con las tizas, he de admitir que habían niños que pintaba mejor que yo…
Como en toda feria que se precie, os lo digo yo que de esto entiendo, había paradas por doquier, de spaghetti con meat boals y pizza, ropa, artículos de México (sí, en esta me he vuelto loca)  y de plata, así que he sentido un poco de morriña.
También había dos verbenas realmente buenas, en las que me hubiera echado más de un baile como diría mi abuela, una de ellas cantaba canciones en español con acento italoamericanomexicano, escuchar el ¡Qué viva España! de Manolo Escobar con este acento no tiene precio.
Me gusta este lugar, pero es inevitable añorar mi tierra, no se si será por el que ¡Viva España! De Manolo Escobar que hace que aflore ese sentimiento que nunca he tenido, o el encontrarme a miles de quilómetros.
I dont know, pero, la Italia es bella y la vita finita, así que amigos, disfrútenla!

miércoles, 6 de octubre de 2010

The paradise not is for everybody

San Diego, el sur del sur, la última ciudad antes de cruzar la frontera. El sueño americano duerme en los bancos y callejones de esta tranquila ciudad.
Podría escribir acerca de lo variopinto del lugar, de su mestizaje, de su crisol de culturas, de su climatología, pero he decidido empezar con una crítica al sístema de ayudas americano, el siempre crítico ojo sociológico me lo ordena.
Si vives en SD puedes hacerlo en una residencia de estudiantes, el un loft, en una bonita casa con vistas a la playa, en un piso compartido con tus amigos o en la puta calle que es gratis. Esa es la situación de cientos de personas que duermen por todos los rincones, blancos, negros, mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, llevan su casa a cuesta, se reunen en pequeños grupos, como toda comunidad de vecinos, y se cobijan con plásticos y mantas, pues el supuesto cálido clima californiano es relativo.
Abundan  las personas con serios problemas mentales, los ancianos, y las mujeres. Es realmente increible que en un país que se califica a si mismo como la tierra de las oportunidades el sistema de ayudas a estas personas sea tan deficiente.
El frio puede taparse con mantas, con fuego, pero la necesidad de privacidad, de estar solo, de no ser un espectáculo andante para el resto de personas no se tapa con nada, y esa es una de las deficiencias en las que pocas veces se piensa a la hora de prestar ayuda a las personas que carecen de un hogar.
A la eterna espera de algún cambio en sus vidas, siguen buscando algo valioso entre la basura, algo que cada día me es más familiar.

United States of America, you're wellcome!